Calidad y Calidez
en el cuidado de los pacientes
16 de abril de 2017

Al usar el GPS se apagan zonas del cerebro. (Clarín, 2017)

Al mundo moderno, por lo visto, lo dominan las nuevas tecnologías. Y si bien hay avances en la sociedad que se consiguen gracias a ella, un nuevo estudio muestra la otra cara: utilizar el GPS apaga zonas del cerebro. Según señala un trabajo publicado en la prestigiosa revista Nature, usar el GPS para conseguir llegar a un destino apaga zonas del cerebro que, de no valerse de este sistema de navegador por satélite, se activarían para simular diferentes rutas. La investigación fue desarrollada por la University College de Londres y contó con 24 voluntarios cuyos cerebros fueron analizados mientras deambulaban por una simulación digital del londinense barrio del Soho. Los expertos analizaron la actividad de su hipocampo, una región del cerebro relacionada con la memoria y la navegación, y la corteza prefrontal, otra región encargada de la planificación y la toma de decisiones. Así, pudieron observar que cuando los voluntarios no se valían de un navegador satelital, su hipocampo y la corteza prefrontal tenían picos de actividad cuando se adentraban en nuevas calles.

Esta actividad cerebral se incrementaba aun más cuando el número de opciones de calles para tomar aumentaba. En cambio, no se observó ninguna variante en la actividad cerebral cuando los voluntarios seguían las instrucciones del GPS. El estudio además mostró que al pasar por lugares donde convergen varias calles mejora la actividad en el hipocampo, mientras que esta no presenta apenas variación al adentrarse en un callejón sin salida.

Uno de los autores, el profesor de psicología Hugo Spiers, explicó que los resultados de su observación ratifican que “cuando la tecnología nos está diciendo a dónde tenemos que dirigirnos, estas partes del cerebro directamente no responden. Nuestro cerebro apaga el interés en las calles que le rodean”. Además, el equipo analizó la red de calles de otras grandes ciudades para averiguar en cuáles era más fácil orientarse. Así confirmaron que mientras Londres es de las ciudades más arduas en este sentido, Manhattan requiere mucho menor esfuerzo mental por su formato de calles rectas.

“Con este trabajo se plantea la interacción entre la estructura de la memoria espacial y otra estructura como la toma de decisiones. Cuando utilizamos el GPS tenemos la ventaja que no necesitamos estar pendiente del camino y de tomar decisiones. Y la desventaja es que perdemos entrenamiento para saber la ubicación espacial”, dice a Clarín Ricardo Allegri, Jefe de Neurología cognitiva del Instituto Fleni.

Como resumen, el investigador del Conicet sostiene que “el cerebro se entrena para las funciones cognitivas. Y en este caso, si no usamos esa parte del cerebro deja de estar estimulada la ubicación espacial y la toma de decisiones”.

“Descreo de las relaciones lineales causa-efecto entre una tecnología y los comportamientos de las personas”, aporta Roxana Morduchowicz, doctora en comunicaciones”. Y agregó “no creo que el comportamiento de la gente se deba exclusivamente a la manera en la que se relaciona con la tecnología”.

Otras investigaciones realizadas por la misma universidad mostraron que el hipocampo de los taxistas de Londres se expandía a medida que memorizaban las calles y paisajes de la capital británica y, en cambio, aquellos que utilizaban el GPS no presentaban mejora en este aspecto, limitando así su conocimiento de las calles de la ciudad.